Cuando pienso en todo el camino que recorrí, siento nostalgia y gratitud al mismo tiempo. Entiendo que valió la pena haber dicho sí, aun con miedo y con dudas.
De ser una chica independiente, con su negocio, voleibolista, amando pasear, cantar, jugar, trabajar… pasé a depender de los demás para todo. Usar pañal. Que me cambien en cama. Estar postrada. Qué rápido cambió todo.
Tenía ya un par de meses de estar sin pareja, sentía que debía darme un tiempo para meditar mis decisiones. Realmente estaba cerrada a la posibilidad de conocer a una nueva persona, además, las restricciones sanitarias no lo permitían.