Mi dosis diaria

Querido diario:

Mi historia comienza vísperas del 2021, una época que puede representar un nuevo ciclo, nuevos proyectos, nuevas oportunidades y que se presta para creer en los famosos agüizotes, pero para ser honesta, yo no tenía mucha esperanza ese día.

Sería el primer año nuevo en pandemia, mi familia estaría dividida por las recomendaciones sanitarias, muchas personas importantes para mí ya no estarían presentes en la cena y tenía esta incertidumbre de ¿Qué me traerá el 2021?

Ya llevábamos casi un año en pandemia, sin embargo, no solo eso influía en mi bienestar emocional. Fue un año complicado, meses atrás había pasado por una relación fallida, si así se le puede llamar ya que duró muy poco tiempo, pero que trajo a mi vida inseguridades, porque me hizo cuestionarme ¿Qué hice mal? ¿Por qué no logro conectarme emocionalmente con las personas? Creo que estos sentimientos venían de mucho antes, pero esta relación fue la gota que derramó el vaso.

Tenía ya un par de meses de estar sin pareja, sentía que debía darme un tiempo para meditar mis decisiones. Me permití sentir todos esos sentimientos no placenteros. Realmente estaba cerrada a la posibilidad de conocer a una nueva persona, además, las restricciones sanitarias no lo permitían.

A causa de la pandemia, empecé a teletrabajar, por lo que las únicas salidas que hacía eran a la pulpería cuando se necesitaba algo y a la farmacia una vez al mes ya que debía inyectarme. Nada grave, era algo rutinario pero debía ser siempre en la misma fecha. Esta rutina no colaboraba mucho a mi estado de ánimo que se veía afectado por el cambio tan drástico al cual fui sometida.

Llega el día de ir a la farmacia, aprovechaba este momento para caminar y despejarme un poco y siempre solía ir a la misma farmacia, pero, me dijeron que el doctor se encontraba almorzando; suelo ser un poco desesperada y realmente no me sentía con ánimos de esperar a ser atendida por el doctor así que me devolví a casa con la intención de realizar la compra el día siguiente.

Al otro día, mis hermanos y yo decidimos ir a almorzar para pasar tiempo en familia y despejarnos del tema de pandemia, así que aprovechando que íbamos a almorzar en un centro comercial, pasé a 2 farmacias más. SÍ DOS, en las cuales tampoco me pudieron brindar el servicio. Para ese momento realmente estaba molesta porque era imposible que tuviera tan mala suerte, según yo.

Era difícil entender el porqué de algunas situaciones, cosas que simplemente no suceden porque no era el momento, porque la situación no era la propicia o porque la mala suerte así lo quiso. Que se yo.

Terminamos de almorzar, caminamos un poco en el centro comercial y era hora de devolvernos a casa ya que, pronto se acercaba el “toque de queda” que no permitía disfrutar tranquilamente de una tarde navideña, además, ese día no encontré una farmacia y tuve que dejar mi compra nuevamente para el día siguiente, un ¡31 de diciembre! ¿Qué no es un día para realizar otro tipo de actividades? Ni modo, ya me había atrasado bastante con la compra.

Último día del año y sin ninguna esperanza me dirijo a una farmacia a la cual no acostumbraba a ir a hacer fila y seguir esperando a ser atendida y de inmediato me fue imposible no notar al doctor, dejando de lado lo guapo que me pareció jaja sin haber cruzado una palabra me trasmitió una sensación que hasta ahora no puedo explicar, se me acercó y me dijo que pronto me atendería, que tomara asiento. Lo tomé como cortesía de su parte, no me sentía tan especial como para pensar que era algo más que eso.

Mientras esperaba le presté mucha atención, la manera tan atenta para cuidar a los pacientes, pude ver que era persona con vocación y amor por lo que hace, ahora sé que eso es muy característico de él.

Esperaba ansiosa por ser atendida, ahí mi afán por irme rápido se esfumó y esperé un poco más y al llegar el momento de ser atendida, él muy amablemente prestó atención a lo que necesitaba y luego mi mala suerte se hizo presente una vez más al decirme que no había exactamente el producto que necesitaba, sin embargo, se tomó el tiempo para darme sus recomendaciones y con su linda manera de ser, no dudé ni un minuto en aceptarlas pero, me preguntaba ¿por qué seguía sintiendo que me trataba de una manera especial?

Al aplicarme un inyectable, sabía que tendría un momento a solas con el doctor, lo cual, debo admitir, me puso nerviosa. Él en todo momento se comportó de manera respetuosa y para calmar mis nervios que según él eran por la inyección, inició una conversación muy sutil, que ahora que lo pienso fue su estrategia para la recolección de datos a su favor.

Inició presentándose, Kevin, ese nombre que posiblemente no pueda olvidar porque ya marcó un antes y un después, luego preguntó mi nombre y poco a poco fue entablando conversación que resultó el inicio de lo que ahora llamo “mi dosis diaria”.

Luego de unos minutos de conversar, sintió la confianza de pedirme mi número y por primera vez después de mucho tiempo no me sentía con inseguridades, su calidez me permitió arriesgarme y quitar esa barrera que estaba construyendo por culpa de las malas experiencias. Salí de la farmacia con más nervios de los que tenía ahí adentro.

¿Cuántas posibilidades existen de conocer a una persona de esa forma un 31 de diciembre, sin planearlo, después de haber ido a 3 farmacias y que no me pudieran ofrecer el servicio?

Después de esta fecha no hay un solo día en que no hablemos, llevamos casi año y medio en una relación y todos los días me convenzo de que su amor es una terapia en mi vida y me hizo reflexionar de que en ocasiones es difícil entender por qué las cosas “no salen bien”, que todo pasa por algo y que lo que es para mí en algún momento llega.

Posdata: ya no volví a la farmacia, ahora tengo a mi doctor personal 😉

Mary

Autor: Querido diario

Un refugio de conexión humana.

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