
El storytelling no es solo contar anécdotas bonitas.
Es la forma más antigua que tenemos los humanos de entendernos, de darle sentido al caos y de conectar con otros.
En Querido diario lo llamamos storyhealing: narrar no solo para entretener, sino para sanar, ordenar y reconocernos.
Cada vez que ponemos palabras a lo vivido, algo se acomoda adentro.
Lo que parecía confuso se convierte en mapa.
Lo que dolía en silencio encuentra eco.
Y lo que parecía insignificante revela su valor.
Aquí no se trata de escribir perfecto.
Se trata de animarse a decir:
“Esto me pasó. Esto soy. Esto me transformó.”
¿Tenés dudas?
Quizás querés hablarlo primero. A veces lo que necesitamos no es una guía, sino una conversación que nos ayude a entender para qué queremos contar nuestra historia. Aclaremos juntos/as tu intención, tu ritmo, tu voz. Después, el mapa fluye solo.
También puedo compartirte una lista de consideraciones narrativas que te van a ayudar a transformar tu relato en una experiencia más íntima, simbólica y profundamente tuya.
Solo escribime. No tenés que justificar nada. Decime: “Quiero conversar” o “Quiero las consideraciones” y te respondo.
Pero, si te animas a dar el primer paso por tu cuenta, te comparto el mapa:
Los ejemplos que siguen son ficticios. No buscan decirte cómo contar tu historia, sino darte posibilidades.
Mostrar contexto y contraste es clave: entender por qué se pasa del punto A al punto B sin saltos bruscos.
Eso da sentido, profundidad y coherencia.
1. Punto de partida: ¿Dónde estabas al principio de todo esto?
“Estaba parada frente al espejo del ascensor, con el uniforme arrugado y el café frío en la mano. Eran las 6:45 a.m. y el edificio olía a humedad. Mi pecho pesaba más que mi bolso. Me dije que era solo cansancio, pero algo no cuadraba.”
Te invito a comenzar por lo que sentías en ese momento, desde el cuerpo, desde lo concreto. En lugar de decir ‘era una época difícil’, podés mostrar cómo lo viviste: qué notabas, qué dolía, qué te inquietaba. Eso le da a tu historia profundidad, coherencia y verdad. No es solo una sugerencia narrativa, es una forma de honrar lo que pasó.
2. El giro: ¿Qué lo cambió todo?
Ella dijo: ‘no deberías contarlo, no es tan grave’. Y yo no dije nada. Solo escuché cómo se cerraba algo adentro, como una puerta que ya no sé si quiero volver a abrir.”
Te invito a elegir una escena concreta que represente esa fisura. No hace falta resumir meses ni explicar todo. Basta con mostrar lo que se quebró, lo que se abrió, lo que empezó a moverse.
3. Movimiento interno: ¿Qué se movió en vos?
Sentí que me encogía. Como si alguien me hubiese puesto en modo silencioso. Me dolía la garganta de no hablar. Me preguntaba si exageraba, pero mi cuerpo ya respondía con insomnio, con un temblor en las manos.
A veces lo que se mueve adentro no tiene nombre claro. No aparece como una idea ordenada, sino como una sensación, una incomodidad, un síntoma. Y eso también cuenta.
Te invito a nombrar lo que sentiste sin necesidad de explicarlo todo. El caos no necesita orden. Solo permiso.
4. Reacción: ¿Qué hiciste con lo que sentías?
Borré treinta mensajes sin enviar. Evité los grupos de WhatsApp. Me quedé trabajando horas extras porque ahí nadie me preguntaba cómo estaba. Me aferré al teclado como si fuera un salvavidas.”
A veces actuamos sin entender del todo por qué. O no actuamos, y eso también dice algo.
Lo importante no es justificar cada gesto, sino reconocerlo como parte del proceso.
Te invito a nombrar lo que hiciste, lo que evitaste, lo que te sostuvo sin que lo supieras. Todo eso cuenta.
Reconocer que cada reacción tiene sentido dentro de tu historia, aunque no siempre tenga explicación.
5. Presente: ¿Dónde estás ahora
Hoy puedo escribir esto sin esconder las manos. No es un manifiesto ni una lección. Es solo el eco de alguien que sigue caminando. No tengo respuestas. Pero tengo voz. Y la uso, aunque a veces salga entrecortada.”
No hace falta tener el final resuelto para contar tu historia. A veces, lo más valiente es poder nombrar el presente tal como es: imperfecto, en tránsito, con huecos y con fuerza.
Te invito a escribir desde donde estás hoy. No desde donde creés que deberías estar.
Lo que entendiste, lo que quedó, lo que aún se mueve… todo eso ya es parte del relato.
No busques conclusión, busca continuidad.
Si te ayuda, pensá en tu historia como un paseo. Hay un punto de partida (¿dónde estabas?), un giro o momento revelador (¿qué pasó que te cambió?), y una llegada (¿qué entendiste, qué quedó?). No tiene que ser lineal. Puede tener curvas, saltos, huecos.

Hoy podés escribir tu historia solo para vos.
Mañana, si sentís que es el momento, podés compartirla con alguien de confianza o enviármela.
AQUÍ hay espacio para lo frágil y lo verdadero.
Referencias que inspiraron esta guía: