Detrás del diario…

Solía tener mis pensamientos bajo llave por miedo al rechazo. Ahora decido compartirlos para liberarme y para ayudar a otros a liberarse.

Mi nombre es Wendy y esta es mi historia.

No tenía permitido explorar a plenitud sentimientos no placenteros como: el enojo, el miedo, la tristeza o la confusión. La recomendación era que los evitara, pero tan solo tenía 10 años y no sabía procesarlo apropiadamente.

Como consecuencia enfermé, padecí encopresis infantil y esto desencadenó otros problemas como la falta de apetito que me hizo perder peso aceleradamente. Luego de tres años y medio y contra todo pronóstico médico, lo logré. Aunque fue una época de mucho caos, hallé la forma de sanar a mi propio ritmo. De la manera más sublime hacía catarsis y estando allí me sentía cómoda.

Escribir me salvó la vida y cuando lo hacía, lograba liberar cada sentimiento reprimido

Desde siempre, fui incomprendida y en consecuencia juzgada también y como era tan insegura no continué escribiendo acerca de lo que me sucedía, ni como me sentía al respecto. Ese acto me hizo pagar un alto precio, olvidarme de mí misma y en mi desesperada búsqueda por ser aceptada por los demás, divagué en diferentes direcciones y llegué a cuestionarme si poseía algún talento o si era valiosa.

A los 25 años, mientras estudiaba diseño, me inscribí en un curso de escritura creativa. Conforme avanzaba el curso, se ponía más intenso, lo mismo la universidad. Lo que me obligó a priorizar una cosa sobre la otra y elegí continuar la carrera y abandonar el curso de escritura creativa. Ahora, después de tanto tiempo, creo que ese fue un intento de recuperar la fuerza en mi voz, y yo por miedo la enmudecí otra vez.

Como un hermoso regalo, en el 2018 llevé un coaching sobre comunicación no violenta. Luego de varios meses de interiorizar lo aprendido en este coaching, empecé a tener claridad de lo que realmente quería. A definir mi propósito de vida y a romper paradigmas que me impedían comunicarme de manera empática conmigo misma y con los demás.

La vida me siguió premiando y gracias a una amiga me di cuenta de la existencia de Candelilla Club, un espacio que te permite narrar tu propia historia frente a un público que está dispuesto a escucharte. Mi debut como storyteller ha sido de las mejores experiencias que he tenido hasta ahora. La mayoría de los que vieron la presentación se identificaron con mi historia y me hicieron saber que les gustaría hacer lo mismo.

Para entonces, había recuperado el hábito de escribir y fue así como meses después con mucho miedo, pero con gran ilusión inicié esta aventura.

Querido diario, está inspirado en el refugio que encontré en los diarios que tuve de niña. Este espacio lo he creado con mucho cariño para todos los que buscan expresarse y sentirse acompañados en este viaje que llamamos vida

Mi propósito es promover esta hermosa virtud humana que es la empatía a través de escritos personales. Quiero recopilar historias reales que nos permitan recuperar nuestra verdadera esencia. Nuestras historias son valiosas y pueden ser inspiración, alivio y calidez para otros.

Mi compromiso es asegurar un lugar lleno de respeto y de tolerancia en el que podamos compartir nuestra verdad.

¿Me acompañas?

Fotografía por: Eka Mora