Enemiga pública  

Querido diario:

Entró por la puerta con su bebé en regazos. En cuanto la vieron entrar se emocionaron y de inmediato todas las compañeras se levantaron a recibirla. Una le quitó los bolsos que traía y otra le quitó a la bebé.

Yo decidí quedarme sentada en mi escritorio y continuar con mis tareas, porque a diferencia del resto, no la conocía. Tan solo tenía 3 semanas de trabajar en esa oficina.    

En eso, la compañera me determinó y con cierta cautela se acercó hasta el marco de la puerta, donde se quedó. Cruzó los brazos y en seguida me di cuenta de que me estaba escaneando de abajo hasta arriba.

Hice contacto visual con ella y para disimular que me estaba escaneando, me pregunta con un tono confrontativo ¿Y cómo le ha ido?

Yo no me di por menos y le respondí: todo bien por dicha. Aunque por dentro si me preguntaban ¿2+2? no respondería con certeza.  

Un par de meses después, esta compañera se reincorpora al trabajo porque había finalizado su licencia por maternidad y en términos generales, todo iba bien al principio.

Hasta que dos años y medio después, otra de las compañeras decidió solicitar un traslado a otra área. El cual le fue concedido y esto provocó que se reestructurara toda la dinámica en la oficina.

Entonces me asignan la agenda con todas las actividades programadas durante el mes y enviar el correo masivo a todo el equipo, que éramos unas 25 personas aproximadamente.  

La compañera que justamente trasladaron era quien estaba a cargo de esta tarea y ella acostumbraba a enviar en el cuerpo del correo algo como esto: martes 20 de octubre, 2022, Wendy Navarro, actividad X, 9 horas….

Yo decía que había que descifrar el código Da Vinci. Era un señor enredo.  

Así que decido usar San Excel, y con un cuadrito más decente, rotulo cada actividad. Envío ese primer correo masivo y ….

Uno a uno de los compañeros empieza a contestar con copia a todos: ¡Excelente Wendy ahora sí se entiende la información! Otra contestó: ¡Apoyo totalmente lo que dice el compañero, hasta profesional se ve!

A mi se me caían las pecas de la vergüenza y no hizo falta que volviera a ver a la compañera que estaba a espaldas de mí y que me miraba por encima del hombro. Podía percibir su desagrado por todos los halagos que no se limitaron a decir solo por correo, sino que llegaban hasta mi cubículo a decírmelo.

Semanas después uno de los miembros del equipo que atendía esta compañera, solicitó a la jefatura un cambio de asistente. Estaba inconforme con el trabajo que realizaba ella y sabía de mi trabajo, porque me veía interactuar con el equipo que tenía a mi cargo.

A partir de ahí, cada vez que yo cometía un error, por más pequeño que fuera, esta compañera se levantaba y se iba hasta la oficina del jefe a reportarlo. Era muy evidente y a los minutos después escuchaba a mi jefe gritando mi nombre.

Los domingos mientras preparaba todo para la semana, lloraba y aunque necesitaba el trabajo, ya no quería seguir ahí. Yo acostumbraba a llegar 20 minutos antes de la hora de entrada, pero prefería quedarme dando vueltas en una plaza que estaba al frente de la oficina y hasta que fueran las 8:00 am, ingresaba.

Meses después, me animé y solicité traslado. Recuerdo bien ese último día, de camino a casa iba llorando de felicidad. No podía creer que al día siguiente ya no trabajaría más en esa oficina.

Tenía un mes de trabajar en otra área, con otro jefe y con otro equipo. Después de mucho tiempo estaba recuperando mi ánimo. Ese día ya todos se habían ido porque era la hora de salida y solo quedaba yo recogiendo mis cosas. En eso veo que mi nuevo jefe se acerca y me dice: necesito que hablemos.  

Yo pensé ¿Y ahora qué hice? y me dijo: Vea, yo estoy contento con su trabajo, no tengo problemas con usted, pero recibí una llamada de su exjefe y básicamente me enlistó todos los motivos por los cuales la debo despedir. Quiero sugerirle que evite ir por su oficina y esperar a que las aguas se calmen.

Yo no me lo podía creer, pero decidí tomar el consejo de mi nuevo jefe.

Cuatro años después, se publicó una carta de agradecimiento que le escribí a mi coach, quien me motivó a cuidar la relación más importante que tengo en este mundo: la propia. Yo accedí a esta publicación que tenía como intención mostrar un testimonio de los servicios que ofrece la empresa con la que llevé este coaching de comunicación empática. 

Estaba en mi cama recostada, leyendo cada comentario de mis amigos que se dieron cuenta de la carta. Me sentía como famosa leyendo a mis fans ja ja. Y casualmente, entre mis contactos hay muchos compañeros de trabajo y en eso veo que en la bandeja había un mensaje oculto. Reviso y me percato que era esta compañera, a la que claramente no tenía agregada como amiga. En cuanto le di clic al mensaje, me sale una advertencia que decía: si lo abres, el remitente se dará cuenta de que lo leíste.

Yo dije: la curiosidad mató al gato y hoy la curiosidad puede más. Lo abrí y decía:

Hola Wendy. Se que te parece raro que te escriba, no creas yo también me sorprendo de hacerlo, pero acabo de leer su carta y quiero decirle que siempre me has parecido muy linda por fuera y por dentro, solo era cuestión de que te lo creyeras y me alegra que seas feliz.

Me tiré de la cama, salí corriendo a buscar a mi hermana menor que conocía la historia y le mostré el mensaje y las dos estabámos en shock.

A la fecha no sé cuál fue el problema que ella tuvo conmigo. Acepté ese mensaje como una disculpa y lo sentí genuino, porque es de valientes aceptar que nos equivamos y que fue difícil para ella escribirlo.

Autor: Querido diario

Un refugio de conexión humana.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s