Helados

Querido diario:

Había una vez una niña tímida, callada, algo confundida, pero consciente, porque desde pequeña supo que su mamá no tenía dinero suficiente para comprarles ningún tipo de antojo a su hermana y a ella.

Esa niña soy yo y cada día cuando veníamos de regreso de la escuela pasábamos por la casa de un viejito que vendía conos a solo ¢100 y muy de vez en cuando, mi mamá nos compraba uno, porque en el trayecto de una hora aproximadamente ella notaba en nuestras caras rojas el sol de mediodía.

El viejito tenía una cámara de helados muy pequeñita con solamente 2 sabores disponibles, fresa y chocolate. Cualquiera podría pensar que la elección no es nada difícil, probablemente otros niños preferirían ir a otro lugar con más variedad o para otros con suerte, alguno de esos 2 sabores era su favorito.

Sin embargo, esa elección era muy complicada para mí, sabía que no podía pedir 2 bolitas porque eso era más gasto para mi mamá, entonces por más difícil que se me hacía escoger, optaba por un sabor, pero siempre con una pequeña insatisfacción por no haber elegido el otro sabor.

Hasta que un día, esa niña creció y le tomó 15 años dejar atrás los prejuicios y aceptar que le gustan los 2 sabores y que no hay uno mejor que otro. Fueron 15 años de muchas inseguridades y que debo vivir sin temer al qué dirán.

Entonces a los 19 años me di cuenta de que era bisexual y los 29 años lo aceptó. Aceptó que le gustaban hombres y mujeres, que no hay un género que le guste más que otro, al igual que el helado de fresa y el helado de chocolate, que no es y nunca ha sido una fase, que tampoco quiere tomar los 2 sabores al mismo tiempo porque pierden su esencia.

Mi mamá nunca me presionó a escoger uno de los 2 sabores, de hecho, nunca supo lo que significaba este gran dilema a mis 10 años, según yo no quería abrumarla, hacerla pasar un mal rato por no poder comprarme 2 bolitas de helado.

Hasta que finalmente, me di cuenta de que las mamás todo lo saben y estoy segura de que ella siempre ha sabido que me gustan los 2 sabores y no hace falta que se lo diga.

Autor: Querido diario

Un refugio de conexión humana.

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